Swami Sivananda. Comentarios a las Bienaventuranzas

bienaventuranzas¿Qué significa bienaventuranza?. Dios ha bendecido sin duda a todo el mundo; el nacimiento humano es ya un don, una bendición que el Señor nos confiere. La inteligencia y la facultad de discernir son las bendiciones que Él ha derramado en nosotros. En el lenguaje de cada día, oímos que tal o cual persona han sido bendecidos con un hijo o con otros privilegios materiales. Pero las bendiciones que Jesús otorga en el significativo Sermón de la Montaña son diferentes de ello. Son las auténticas bendiciones, *(bienaventuranzas). Se refiere a una condición en la cual el espíritu divino penetra en el corazón para que, la persona no pertenezca ya a este mundo, si no a lo divino.

El aspirante espiritual ha sido aceptado por Dios como a Su propio. Ésta es la auténtica bendición: la bienaventuranza. El individuo cesa, y surge una gloriosa santidad que le convierte en un instrumento en Sus manos. Llega a ser, casi parte de su Ser místico-, llevando a cabo Su voluntad, viviendo una vida santa y representándole a Él en la tierra. Eso es Bienaventuranza, la auténtica bendición. Aquel que la ha alcanzado se convierte en una bendición para la humanidad. Pero, ¿qué es y quienes son los bienaventurados?

1. Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
La primera bienaventuranza indica que la ausencia de deseos es vivir en Dios. Pobres en espíritu son aquellos que se han vaciado a sí mismos de todo su ego. Los que pretenden “poseer espíritu”, o sea, los que están orgullosos de su riqueza, su pedigrí, su sabiduría, etc. para tal orgullo de “sabio” no hay lugar en el Reino de los cielos. Lo que se busca con sinceridad, se logra. Pero ¿qué se busca?. Muchos buscan ese “espíritu” de ser admirados por la sociedad, de ser populares en el mundo, de lograr la prosperidad en términos de bienes terrenales. Sin embargo, por mucho que obtenga todo ello, la disipadora naturaleza de las cosas mundanas hará que tarde o temprano se sientan desgraciados.
Los pobres en espíritu en cambio, son aquellos que no desean nada para sí mismos en este mundo. Sus deseos se volvieron pobres y acabaron por sufrir una muerte silenciosa en su interior. Rebosan de una sabiduría tan integrada en su ser, que ni siquiera la aperciben!, y si llegan percibirla, ellos la relacionan con el Señor, (y no como ‘su’ logro), ya que ellos consideran que nada tienen, nada desean y ni nada son.

Ni siquiera consideran su propia existencia como una entidad separada. Porqué de hecho, viven en Él, puesto que Su gracia fluye a través de ellos. “De ellos es el Reino de los Cielos”. Qué gran recompensa para los que han renunciado a las cosas de este mundo de muerte y de dolor!. El Reino de los cielos los pertenece. De esos reinos son dueños ellos, y a través de ellos alcanza la humanidad la salvación.

2. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
La segunda bienaventuranza trata de la ansiedad mística y el consuelo de la plegaria. Los grandes devotos del señor sufren por sentirse separados de Él. Los buscadores celosos sufren de ver que la oculta debilidad humana les impide alcanzar la perfección. Eso no es “sufrimiento” en el sentido usual del término, puesto que no hay ni llanto ni lamentos, aunque sí hay un extraño gozo. Un gran anhelo o añoranza que levanta una plegaria fuerte y sincera, desde lo más profundo del corazón. Un ruego por Su Gracia, para que se ilumine el corazón humano y para que su Sabiduría Redentora colme el alma de todo ser humano sobre esta tierra.
Recordemos que el Bienaventurado no tiene (no anhela) posesiones ni deseos terrenales. Siendo así, ¿cómo es que sufre?. Su lamento, no proviene del deseo de conseguir algo para sí mismo, sino para que toda la humanidad reciba las bienaventuranzas. “Ellos serán consolados”. Precisamente porqué los ‘bienaventurados’ son consolados una y otra vez, es que hay prosperidad en el mundo y a pesar de tantas injusticias siguen existiendo un cierto número de buscadores de la Verdad en todas las generaciones. Este es el consuelo por el que ruegan, y que el Señor les concede. Ellos sean realmente las bendiciones de Dios para la humanidad.

3. Bienaventurados los humildes porque ellos heredarán la Tierra.
La humildad es el estandarte del héroe. Pero no hay que confundir humildad con debilidad. La humildad es el estandarte del héroe. La primera beatitud promete el Reino de los Cielos para el santo liberado de su ego. Ahora, en esta beatitud se proclama que el humilde heredará la tierra.

Los que con toda humildad sirven a Dios y a la humanidad, los que humildemente aceptan Su Voluntad y reciben todas las cosas como provenientes de Su Gracia. Sólo aquellos que son realmente humildes de corazón realizan la Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia de Dios. Estas bendecidas (bienaventuradas) personas irradian su bendición por doquier. El mundo entero se les entrega, pues en su presencia, todos sienten una inexplicable serenidad y dicha.

El bienaventurado no necesita para nada ni los reinos ni los objetos terrenales, y sin embargo reinan en los corazones de todos los seres humanos, tal como Jesús reina hoy, (a través de los tiempos).

4. Bienaventurados los que padecen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.
Monumentos vivos de la Ley de Dios. El significado es perfectamente claro: La Rectitud, en cuanto a Voluntad de dios, es omnipresente. la Gracia siempre anda presta a penetrar el corazón humano para hacerle observar Su Voluntad, y exaltar a Dios. Pero la persona egocéntrica con deseos egoístas, le barra la entrada a su corazón. Es mucho más fácil de lo que imaginas obtener la Gracia de Dios y hacer que Su Voluntad se haga a través de tu ser, para que Su Rectitud penetre tu personalidad. Basta con tener ‘hambre’ de ello, con anhelarlo, con cultivar un presto deseo por lo divino. Tu aspiración ha de ser llevar una vida recta, correcta. Tienes que orar por Su Gracia. Esta plegaria de sublime inspiración, abre las puertas de la cámara de tu corazón, que será llenado con Su Gracia. Verdaderamente bendecidos (bienaventurados) son los que así han sido colmados. Porque llenos con su Rectitud podrán vivir y moverse como vivos monumentos de la Divina Ley para inspiración a que sus semejantes exalten, y transformen la tierra en un paraíso.

5. Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia.
La misericordia es una virtud divina. Dios es todo misericordioso. El vivificante calor del sol, la pureza del aire fresco que sostiene la vida, las cristalinas aguas que colman la sed, que hacen crecer las plantas y hacen la vida posible; la buena tierra que te ofrece el alimento y además te provee de un lugar donde vivir… todo ello te recuerda constantemente que Dios es todo amor. Así también, para que tú puedas evolucionar te ha dado un cuerpo humano y te ha colocado en circunstancias adecuadas a tu temperamento para facilitar tu progreso hacia la perfección.

Él te da oportunidades para ejercitar las cualidades divinas latentes en ti como camino de perfección, para que seas perfecto, como Él es perfecto. El huérfano en la calle, el pobre en tu puerta, el nudo, el iletrado, el hambriento, el enfermo, … todos son hijos de Dios. Están ante ti como oportunidades para que ejercites el amor y la misericordia que hay en ti. Abre los ojos y sírveles. Viste al desnudo, educa al iletrado, alimenta al hambriento, alivia al enfermo. Así crecerás en misericordia, pues Dios es todo misericordioso. Cuando das amor, obtienes Su amor. Y cuando tienes ese amor eres sin duda un bienaventurado y una bendición para toda la humanidad, pues todos los que te rodean podrán contemplar el milagro de Su Misericordia que se realiza en cuantos alivias, consuelas, iluminas y en general llenando el mundo con la luz de la sabiduría, la dicha y la serenidad.

6. Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios.
Presencia de Dios.- Para ver a Dios no has que viajar a tierras lejanas. No tienes que esperar a abandonar tu envoltura humana y ascender a los cielos. A Dios lo puedes ver aquí y ahora. Sólo necesitas un requisito, una condición: la pureza de corazón. El corazón ha de lavarse de las impurezas: lujuria, ira, envidia, egoísmos y toda clase de maldades que habitan en tu corazón.

A Dios lo encontrarás en tu corazón, pero está oculto tras muchos velos de impurezas que impiden su visión. Todo lo que tienes que hacer es eliminar dichas impurezas, entonces podrás contemplarle a El aquí y ahora, en toda su Gloria, en todo su esplendor.

Bienaventurados los que ven a Dios, pues ellos irradian Su bendición a todo el mundo.

7. Bienaventurados los pacíficos porqué ellos serán llamados hijos de Dios.
-Los niños de Dios.- Dios creó el mundo. Es el Padre de toda la creación. Todos los seres de la tierra son Sus niños. La humanidad entera es una sola familia. Todo aquel que crea peleas, promueve la guerra y la desarmonía entre comunidades o naciones, obra contrariamente a la Ley Divina de la Unidad. Mientras que aquellos que unen a los pueblos en el amor y la armonía, que se esfuerzan por establecer la paz en la tierra y en los corazones trabajan al unísono con la Ley Divina. Afortunados son de ser llamados un auténtico niño de Dios, pues ha heredado las cualidades divinas del Señor en toda su plenitud.

Antes has de encontrar la paz en tu propio corazón por medio de la humildad y la oración. Primero descubre a Dios, luego podrás compartir Su Paz, e irradiarla a toda la humanidad. De tu sola presencia surgirá la Paz. Bienaventurados los pacíficos, pues ellos son una gracia para este mundo, tan exprimido por luchas y guerras.

8. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

9. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

10. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
-los benefactores de la humanidad- Los santos son la bendición de la humanidad. Ellos son sus más grandes benefactores. Si hay en el mundo algo de paz y felicidad es porqué de tiempo en tiempo, surgen grandes santos, hombres de Dios, que han nacido en la tierra y restablecen su justicia.

A pesar de ello, es tal la tragedia del mundo en que vivimos que esas personas de Dios, quedan revueltas, vilipendiadas y crucificadas por varios sectores de la humanidad. Los seguidores de la filosofía de la carne y los gusanos, hundidos en el materialismo, los sensuales y desenfrenados hijos de Satán no pueden tolerar la divina radiación de los santos de Dios; así como el búho no tolera la luz del sol.

A pesar de ello, es tal la naturaleza divina de los santos bienaventurados que no hacen nada para ‘resistirse’ al mal. No intentan siquiera protegerse de los ataques de los malvados. La historia del mundo es testigo de numerosas persecuciones en las cuales los santos bienaventurados han dejado sus vidas, en su intento de establecer la rectitud.

Y maravilla de maravillas, sacrificando sus vidas para la gran causa divina del bien, ‘por Su causa’ ellos han cumplido su misión. El supremo sacrificio de sus vidas es la corona de la gloria de su misión. Que afecta más profundamente que cualquier prédica que puedan dar. La gente realiza que si esos grandes y bienaventurados santos se han sacrificado y han muerto para defender los principios que sostenían en vida, es un sello de autenticidad. Una revolución tiene lugar en los corazones de esas personas y arrepentidos, toman el camino de la rectitud, abandonando el camino de la mal, pues para tal cosa derramó la sangre su Amado, el Glorioso Hombre-de-Dios.

Tanto en su vida como en su ofrenda, el santo cumple con la gran misión de reestablecer la rectitud en la tierra. Es la misión de Dios. Aquel que la hace suya es en verdad bendecido (bienaventurado) y bendecida es toda la humanidad, pues le muestra el camino hacia Dios, la fuente de toda vida, de luz y amor, de paz, plenitud y prosperidad.

¡Que las más elevadas bendiciones de todos los Bienaventurados sean con todos vosotros! ¡Que podáis ser realmente bienaventurados en esta misma vida!